El retablo del Real Monasterio de Rueda
Jesús Sariñena Tremps
Jesús Sariñena Tremps
Los orígenes de este Monasterio se remontan a finales del siglo XII. En esa época el Rey Alfonso II de Aragón cede un castillo y la villa de Escatrón, a orillas del Ebro, a una comunidad de monjes cistercienses. Era un territorio recién conquistado a los árabes, poco habitado en esos tiempos, y que convenía repoblar y colonizar. La cesión se firmó en 1.182. Enseguida se fundó el Monasterio, al que se dotó de tierras de cultivo. También se le autorizó la extracción de piedra y el aprovechamiento de las aguas del río Ebro y de la madera de los montes.
En 1.205 se dio por completada la construcción urbanística. La torre mudéjar fue en su momento un elemento casi único por la combinación de ladrillo y piedra que utilizaron los artistas mudéjares venidos de comarcas turolenses próximas al Monasterio. Los siglos XIII y XIV contemplan la realización de todas las obras urbanísticas, así como el desarrollo de una infraestructura hidráulica que dotó de agua al Monasterio, tanto para uso "de boca" como para regadío: son la "azud" en el Ebro y la gran noria (rueda), que dio nombre al Monasterio. A principios del siglo XVII el Monasterio de Nuestra Señora de Rueda era ya una comunidad con gran pujanza económica y mucha influencia social. Es el momento en el que la comunidad se plantea la construcción de un gran retablo para la iglesia.
En 1.608 el Abad Juan de Huarte encarga al Maestro Esteban, escultor muy reputado en la zona, la construcción de un gran retablo para el Altar Mayor de la iglesia del Monasterio. El Maestro Esteban es conocedor de la gran riqueza de la comarca en piedra de alabastro. Aragón tiene actualmente más del noventa por ciento de su producción a nivel mundial. El Condado de Sástago facilitó de buen grado su aprovechamiento. Así que el Maestro Esteban contactó con Domingo Borunda, artista de origen francés, experto en la obtención del alabastro, el tratamiento de la piedra y la arquitectura y distribución de los espacios en el retablo. El Maestro Esteban se ocuparía de la escultura de las figuras. Ambos pues son los artistas autores del retablo. Se dedicó a la Asunción de la Virgen, programa iconográfico tradicional en los monasterios de esta orden religiosa. Se trata de una obra renacentista, elaborada en alabastro, procedente de las canteras de la zona. Fue construido para lucir en la iglesia del Monasterio, donde permaneció hasta 1.836, tras la Desamortización de Mendizábal. Es considerado como la obra cumbre del renacimiento aragonés. Algunos expertos en arte advierten también rasgos barrocos en los relieves exentos de las esculturas.
La translucidez del alabastro permitió conseguir un efecto nunca visto al ser atravesado por los rayos solares que entraban por los dos ventanales del ábside, detrás del retablo. En aquella época el fenómeno de la luz tenía una gran consideración. A la hora de determinados rezos, los rayos que entraban por los dos ventanales del ábside atravesaban el alabastro del retablo, creando haces luminosos que estimulaban la devoción y reconfortaban el espíritu.
El estilo de escultura es "manierista-renacentista", debido sobre todo a la influencia de Damián Forment, autor del Retablo Mayor del Pilar y de La Seo de Zaragoza, en el que se inspiraron seguramente los "maestros" de Rueda.
La Desamortización de Mendizábal autorizó la venta de los bienes de la Iglesia. En 1.836 el Monasterio de Rueda se vio afectado por esa ley. Y no se sabe con certeza si fue cedido o vendido, para evitar su deterioro y la pérdida de sus valores artísticos. Sí se sabe que la Junta de Desafección autorizó a la Villa de Escatrón el traslado del retablo. Y los escatroneros de entonces, en carros y carretas fueron trasladando con gran cuidado todas y cada una de las piezas del retablo, atravesando el Ebro en barca.
El retablo que lució en la iglesia del Monasterio era de mayor tamaño que el actual de la iglesia de la Asunción de Escatrón. Como la iglesia receptora era de menor tamaño, hubo que eliminar parte del basamento y del banco inferior para que pudiera encajar bajo la bóveda de su nueva sede. Hubo que acomodar el retablo a las dimensiones de su nuevo emplazamiento.
El actual retablo consta de varios espacios. Una base, dividida en tres cuarteles. Una zona intermedia, que cuenta con seis espacios. Y un ático superior. La base tiene a derecha e izquierda sendos arcos de medio punto, y en medio el espacio que en origen ocupaba el altar, y que hoy ocupa el sagrario. Sobre la base, dos cuerpos de tres calles. La calle central y principal ocupada por la escena de la Asunción de María, elevada por ángeles – músicos. Sobre el cuadro de la Asunción, dos ángeles portando un escudo con las letras J H S (Jesus, Homo, Salvator). Las calles laterales, las que están sobre la base, representan la Anunciación y la Purificación. Y sobre estas, otras dos que representan la Natividad de Jesús y la Adoración de los Reyes Magos. El ático representa la Coronación de la Virgen. Flanqueando los arcos de la base aseguran los expertos que están las figuras de San Bernardo de Claraval y San Benito. Y algunos afirman que allí también se representaron a sí mismos los autores: el Maestro Esteban y Domingo Borunda.
En la época en la que se esculpió este retablo, la escultura en portadas, retablos e imágenes era una forma importante de adoctrinamiento a las clases bajas, que no disfrutaban del privilegio de la lectura y la escritura para su instrucción.
El mensaje evangélico de este retablo es claro: La Virgen María (Anunciación y Purificación) es Asunta al cielo. Por su Hijo Jesús (Natividad y Adoración de los Magos) J H S, Jesus Homo Salvator… Y en el cielo es Coronada como Reina y Señora.