Rueda, su refectorio y la escalera
Por Patricia Erolés
Por Patricia Erolés
La orden del cister nació en Francia como un deseo de volver a la estricta observancia de la regla de San Benito. La orden de Cluny había adquirido mucho poder y se había alejado de los preceptos básicos de austeridad y pobreza. Roberto de Molesmes en 1098 funda el Monasterio de Citeaux, que a la postre daría nombre a la orden, con el fin de volver a esa austeridad perdida. Pero será San Bernardo, fundador del Monasterio de Clavaral, quien con su pensamiento y sus escritos hizo florecer el cister y sentó las bases para que la orden creciera y se expandiera por toda Europa.
San Bernardo no especificó un modelo de arquitectura para los monasterios cistercienses, pero se guio por el modelo que era habitual en los monasterios benedictinos desde época carolingia. Para él la decoración era una ostentación excesiva fruto de la vanidad del hombre. Algo totalmente innecesario que distraía a los monjes de sus rezos y labores diarias.
En su escrito "Apología a Guillermo", San Bernardo promovió una vuelta a la iconoclastia del pasado, prohibiendo la decoración figurativa en los monasterios. El monasterio ideal de San Bernardo pasaba por conducir al monje a la oración y la lectura de las Sagradas Escrituras y no a la distracción y contemplación de lo mundano. Los monasterios debían ser austeros, pero estaban dedicados al culto a Dios por lo que debían acercarse a la perfección y están bien construidos. Se trata de obras de sillería que destacan por su austeridad, sencillez y monumentalidad.
Y reflejo de esta idea constructiva de San Bernardo es nuestro Monasterio de Rueda y su refectorio que es la dependencia en la que me voy a detener en estas líneas ya que es una de las dependencias más bonitas y significativas. Paseando por el claustro, perpendicular al ala sur y pegado a la cocina (ambas estancias comunicadas por el ventanuco del pasaplatos) nos encontramos con esta imponente estancia a la que se accede por una puerta en arco de apuntado cuyo intradós se decoró con puntas de diamante con dos arquivoltas de las cuales la exterior está adornada con decoración lobulada. La estancia tiene forma rectangular, cubierta con bóveda de cañón apuntado reforzada con arcos fajones también apuntados. Estos arcos descansan en unas ménsulas de rollos de las que partían unas estrechas columnas adosadas a la pared que en un momento determinado fueron cortadas presuntamente para empotrar en la pared la sillería corrida en la que se sentarían los monjes durante las comidas. Se trata de una sala sencilla y austera pero imponente y que encarna perfectamente el ideal de perfección y sencillez que predicaba San Bernardo. Sobre la puerta se abre un ventanal circular cuya tracería se tomaría de modelo en la restauración del Monasterio para el rosetón de la fachada principal de la iglesia y que ahora es tan representativo de este edificio. Al ser una sala tan alta se abrieron ventanales en forma de arco de medio punto abocinados lo que le da a la sala gran luminosidad.
San Bernardo no especificó un modelo de arquitectura para los monasterios cistercienses, pero se guio por el modelo que era habitual en los monasterios benedictinos desde época carolingia. Para él la decoración era una ostentación excesiva fruto de la vanidad del hombre. Algo totalmente innecesario que distraía a los monjes de sus rezos y labores diarias.
En su escrito "Apología a Guillermo", San Bernardo promovió una vuelta a la iconoclastia del pasado, prohibiendo la decoración figurativa en los monasterios. El monasterio ideal de San Bernardo pasaba por conducir al monje a la oración y la lectura de las Sagradas Escrituras y no a la distracción y contemplación de lo mundano. Los monasterios debían ser austeros, pero estaban dedicados al culto a Dios por lo que debían acercarse a la perfección y están bien construidos. Se trata de obras de sillería que destacan por su austeridad, sencillez y monumentalidad.
Y reflejo de esta idea constructiva de San Bernardo es nuestro Monasterio de Rueda y su refectorio que es la dependencia en la que me voy a detener en estas líneas ya que es una de las dependencias más bonitas y significativas. Paseando por el claustro, perpendicular al ala sur y pegado a la cocina (ambas estancias comunicadas por el ventanuco del pasaplatos) nos encontramos con esta imponente estancia a la que se accede por una puerta en arco de apuntado cuyo intradós se decoró con puntas de diamante con dos arquivoltas de las cuales la exterior está adornada con decoración lobulada. La estancia tiene forma rectangular, cubierta con bóveda de cañón apuntado reforzada con arcos fajones también apuntados. Estos arcos descansan en unas ménsulas de rollos de las que partían unas estrechas columnas adosadas a la pared que en un momento determinado fueron cortadas presuntamente para empotrar en la pared la sillería corrida en la que se sentarían los monjes durante las comidas. Se trata de una sala sencilla y austera pero imponente y que encarna perfectamente el ideal de perfección y sencillez que predicaba San Bernardo. Sobre la puerta se abre un ventanal circular cuya tracería se tomaría de modelo en la restauración del Monasterio para el rosetón de la fachada principal de la iglesia y que ahora es tan representativo de este edificio. Al ser una sala tan alta se abrieron ventanales en forma de arco de medio punto abocinados lo que le da a la sala gran luminosidad.
Según los preceptos los monjes cistercienses comían en silencio mientras, desde el púlpito un monte iba leyendo. Así en Rueda podemos ver el púlpito del lector que ha llegado bastante bien conservado. Y es aquí donde encontramos una de las peculiaridades de este monasterio: La escalera de acceso al púlpito. Se trata de una maravillosa escalera de piedra que, aprovechando el grosor de los muros, está excavada en la pared de acceso al púlpito.
La escalera se encuentra excavada en la pared derecha del refectorio. Se trata de una escalera con seis peldaños cubiertos con bóveda de arco rampante (aquella donde las líneas de arranque del arco no están al mismo nivel, creando una forma inclinada o ascendente). Al exterior vemos 6 arquillos de medio punto en cuyo interior también vemos decoración de punta de diamante. Estos arquillos descansan sobre otros tantos capiteles. Los capiteles están finamente labrados con decoración vegetal siguiendo las pautas de San Bernardo. Estos capiteles apoyan en unas columnas circulares de fuste liso que apoyan sobre una fina basa.
La escalera termina en el ambón propiamente dicho. Un púlpito en forma de semioctógono que descansa sobre una ménsula con decoración vegetal entrelazada. Tras él podemos ver un vano en forma de arco de medio punto abocinado que daría luz al lector durante su tarea.
Esta dependencia medieval resistió bastante bien el paso del tiempo y todas las vicisitudes sufridas por el Monasterio. El refectorio y, sobre todo, el púlpito del lector con su magnífica escalera de acceso son uno de los atractivos de nuestro Monasterio ya que se trata de un punto diferenciador con la mayoría de Los monasterios de la Orden.
Los cenobios de la orden suelen ser bastante homogéneos en su arquitectura, distribución y decoración así que estas pequeñas diferencias son las que confieren singularidad a sus edificios y los diferencian unos de otros. Si bien es cierto, Rueda no es la única abadía cisterciense que cuenta con una escalera excavada en el muro en su refectorio. Existen varios ejemplos: La abadía de Fontenay, en la Borgoña francesa, posee una escalera similar. Ambos monasterios están claramente relacionados ya que Rueda se construyó siguiendo las normas de arquitectura dictadas desde Francia.
Ya en España, podemos visitar el Monasterio de Santa María de Huerta, en Soria. Este cenobio se encuentra habitado todavía por una veintena monjes en la actualidad. En estos dos monasterios podemos encontrar magníficos refectorios podemos encontrar una escalera de acceso al púlpito excavada en la pared. Si bien en estos dos casos está al lado contrario y es más larga y con columnas con fuste octogonal; Además las más cercanas al púlpito son de un color diferente. Aún con esas diferencias es muy claro el paralelismo entre estas dos escaleras de acceso al púlpito y la escalera de Rueda.
El refectorio era una dependencia importante de cualquier cenobio cisterciense. Los monjes compartían juntos una (cuaresma) o dos comidas diarias, frugales y austeras siguiendo la regla de San Benito. Basada sobre todo en verduras y legumbres, estando la carne prohibida. Si bien es cierto que el pescado y las aves, en algunos periodos de la Edad Media, no entraban dentro de esta clasificación. Eso si, los animales cuadrúpedos estaban estrictamente prohibidos salvo en caso de enfermedad grave de algún monje. Los monjes podían acompañar la comida con una copa de vino. Y siempre comían en silencio mientras el hermano lector (cambiaba cada semana) leía pasajes de la biblia en latín.
La arquitectura cisterciense es austera y con una decoración sencilla. Pero no dejan de maravillar la capacidad de sus arquitectos de crear monasterios tan armoniosos y bonitos con todas las restricciones con las que debían lidiar. Y es que en esa sencillez es donde radica la magia que se respira al pasear por una abadía cisterciense, en nuestro caso por el Monasterio de Nuestra Señora de Rueda.
Bibliografía
Fatás, Guillermo / Borras, Gonzalo. Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática
CORTÉS BORROY, Francisco Javier. El monasterio de Rueda. Un recorrido histórico-artístico. Zaragoza: Gobierno de Aragón, 2000