El Cister y la decoración figurativa
Por Patricia Erolés
Por Patricia Erolés
Estamos acostumbrados a entrar en una iglesia medieval (románica o gótica) y encontrarnos decoración figurativa por toda la iglesia, ya sean pintada o esculpida. Están por toda la iglesia: portada, naves, claustro, capiteles… hasta en las vidrieras. Pero, ¿nos hemos parado a pensar el motivo? ¿Era solo por decoración? En cierto modo así, pero su finalidad principal no era esa sino que tenía un fin educativo o moral.
En la Edad Media, la mayoría de la población era analfabeta, con lo cual no podía leer la Biblia. Las iglesias eran sitios de culto y un refugio espiritual. La Fe era un pilar muy importante en la sociedad medieval. Así que pintar o esculpir escenas de la Biblia, la vida de los Santos… fue la forma elegida para que el pueblo conociera los pasajes más relevantes.
Se creó toda una iconografía común para que los personajes fueran reconocibles por toda la población. De esta manera siempre que aparecía un personaje lo hacía con los mismos atributos para que la población la reconociese enseguida: San Pedro con las llaves, San Antón con el bastón en forma de Tau y un cerdito, Santa Águeda con los pechos arrancados con una tenaza o San Roque vestido de peregrino con una herida en la pierna y un perro. De esta manera los fieles reconocían rápidamente las figuras representadas. A lo largo de la Edad Media fueron cambiando las escenas representadas. Antes del año 1.000 abundaban las escenas del Apocalipsis y del Juicio Final. En ese momento tenían terror a la llegada de ese año ya que pensaban que ese año sería el fin del mundo. Una vez pasado ese momento y al no llegar el fatídico Fin del Mundo, proliferaron las escenas de agradecimiento y la Virgen María fue ganando protagonismo en las escenas de las iglesias.
Así pues, las iglesias medievales están llenas de decoración cuya finalidad era por una parte, educativa ya que enseñaban las escrituras a aquellos que no sabían leer y por otra, moralizante ya que, muchas veces, se representaban las escenas de las "consecuencias" de cometer pecados y otro tipo de escenas con las que se pretendía moralizar a la sociedad del momento.
Al entrar en un Monasterio Cisterciense… el visitante se queda sorprendido… No suele encontrar este tipo de escenas; Es más, no hay escenas figurativas y apenas hay decoración. Eso es una de las primeras cosas que nos llaman la atención al entrar en el Monasterio de Rueda. En la portada principal tenemos solamente el rosetón y al entrar los muros, los capiteles… están desprovistos de decoración. Si seguimos en la Edad Media, ¿A qué obedece ese cambio?
El artífice de este cambio fue San Bernardo quien, ante toda la opulencia decorativa y ostentación de otras órdenes clericales, sobre todo, la Orden de Clumy, abogó por la austeridad máxima dentro del monacato y eso se vio reflejado en la arquitectura de la orden.
Y así en su Escrito "Apología a Guillermo", una dura crítica a la orden cluniacense, habla expresamente sobre el exceso decorativo: "(…) las moles inmensas de los oratorios, a su desmesurada largura e innecesaria anchura, ni a la suntuosidad de sus pulimentadas ornamentaciones y de sus originales pinturas, que atraen la atención de los que allí van a orar, pero quitan hasta la devoción.(…) "(… )en los capiteles de los claustros, donde los hermanos hacen su lectura, ¿qué razón de ser tienen tantos monstruos ridículos, tanta belleza deforme y tanta deformidad artística? Esos monos inmundos, esos fieros leones, esos horribles centauros, esas representaciones y carátulas con cuerpos de animal y caras de hombres, esos tigres con pintas, esos soldados combatiendo, esos cazadores con bocinas..."
En estos fragmentos queda muy clara la postura de San Bernardo: Toda decoración es innecesaria y superflua en un monasterio cisterciense. De esta manera aboga por edificios sencillos, sin ningún tipo de ostentación decorativa y sin lujos. San Bernardo abogaba por volver a la estricta observancia de la Regla de San Benito, a la vida monacal sin lujos y cuya única finalidad era servir a Dios y dejar fuera todo tipo de riquezas de la vida terrenal. De este modo, la mayoría de monasterios cistercienses son muy sencillos y la decoración figurativa apenas aparece. Este tipo de decoración puede distraer a los monjes de sus quehaceres diarios.
Recordamos que al principio decíamos que la decoración de las iglesias tenía, sobre todo, un fin educativo y moralizante. Los monasterios cistercienses eran de clausura, el pueblo no entraba en ellos. Los monasterios eran oasis de cultura en un mundo analfabeto y la mayoría de monjes sabían leer y escribir. Con lo cual, el fin educativo no era necesario. De esta manera es fácil entender la ausencia de decoración figurativa en los Monasterios Cistercienses: No era necesaria.
Tampoco veremos vidrieras con infinidad de colores como en las catedrales góticas. Esto se debe a un cambio en el modo de percibir a Dios. En las iglesias góticas las vidrieras son de colores porque la luz que entra por ellas es una luz irreal que es como veían en ese momento a Dios, como algo irreal y superior. En Rueda vemos las ventanas cubiertas con alabastro. Y, originalmente, los monasterios de la orden no tendrían vidrieras de colores ya que para ellos la luz divina era una luz blanca, Dios era una luz blanca y pura: "La luz de la verdad y la vida". Pero aún así hay excepciones, y en Rueda las podemos ver también. En el ala de los conversos aparecen algunos capiteles en los que podemos ver decoración figurativa. ¿A qué se debe esto? Seguramente es un compendio de diversos factores: Es el ala más "moderna" y con el tiempo la orden se fue relajando en sus maneras, pudiéndose ver más decoración de la necesaria. Este ala es la destinada a los legos o conversos (son los miembros de una orden religiosa que no están ordenados sacerdotes y se ocupan de labores manuales, con el fin de permitir la plena vida contemplativa de los monjes.) En ella vemos su puerta de acceso al claustro y su puerta de acceso a la iglesia. Era el ala usada por los legos para entrar de sus labores y acudir a las misas. Los legos sí que eran analfabetos. Así que poner alguna escena decorativa en esta ala puede deberse a que eran vistas por los legos y era una manera de enseñarles aquello que no podían leer.
La belleza de un Monasterio cisterciense no radica en sus decoraciones: En capiteles hiperdecorados, escenas pictóricas en las paredes, pan de oro por doquier… Su belleza radica en la armonía de proporciones, en la serenidad que destilan sus dependencias, en la luz blanca que entra por las ventanas, en la tranquilidad que desprenden sus muros. Solo hay que pasear por el Monasterio de Rueda para poder apreciar la belleza de esa sencillez. Merece la pena pasear por su iglesia, su claustro…e imaginar cómo sería la visión del edificio para los monjes que lo habitaron, que paseaban en silencio por el claustro leyendo, que pasaban horas en el scriptorium copiando manuscritos, comían escuchando pasajes de la biblia, se reunían en la sala capitular sentados visualizando el claustro… Al hacerlo, nos damos cuenta que no necesitaban decoración alguna, que en su sencillez estaba su belleza.